7 claves para llevarte bien con tu familia política

Las relaciones con la familia política son desafiantes, pueden generar malestar y desgastar el vínculo de pareja. Sin embargo, compartiremos algunos consejos que ayudarían a suavizar la situación.

Cuando una pareja se une, las familias de origen también inician un proceso de convergencia práctica y simbólica. No solo compartirán entre los diferentes miembros, sino que la influencia de estos familiares podría marcar el curso de la relación. Desafortunadamente, no en todos los casos los vínculos fluyen con facilidad. Ante ello, queremos ofrecerte algunas claves para llevarte bien con tu familia política.

La creación de un nuevo núcleo conyugal supone un ajuste familiar que puede generar una desestructura pasajera, naciente por diversos factores, como indican investigaciones difundidas en Perinatología y Reproducción Humana. Y es que incorporar a ese hijo político es fundamental para la continuación del linaje, pero su llegada no siempre se asume con madurez y respeto.

Del mismo modo, formar parte de una estructura familiar ya establecida no es sencillo; requiere flexibilidad y tolerancia. Cuando alguna de las partes no está dispuesta a ceder terreno, empatizar y asumir los cambios naturales que devienen de esa unión, el conflicto está servido. Por fortuna, hay algunas claves que quizás contribuyan a suavizar las relaciones.

¿Cómo llevarte bien con tu familia política?

Tanto si acabas de entrar en una nueva relación como si ya llevas tiempo conociendo y conviviendo con tu familia política, puede que no sepas muy bien cuál es el protocolo o el nivel de confianza para relacionarte con ellos. De hecho, los desencuentros no solo surgen con los suegros, sino también con otros parientes de tu pareja.

No hay una fórmula mágica a aplicar, ya que cada persona es diferente y cada familia tiene sus propias dinámicas y reglas; sin embargo, las siguientes pautas serían de utilidad.

1. Acepta que es un momento de transición

El hecho de que un hijo se case o se empareje supone un momento importante de transición para la familia nuclear; de esto habla un boletín del Hospital Italiano de Argentina. Al igual que cualquier cambio, esta transformación supone un desafío y necesita de tiempo para ser aceptada.

Por ello, sé paciente con tu familia política y también contigo mismo. No pretendas que todo sea sencillo y perfecto desde el inicio. Tómalo con calma y permítete conocer a estas personas y que ellas te conozcan.

2. Define y delimita los roles

Muchos de los conflictos surgen cuando los roles no están bien delimitados y las personas asumen papeles que no les corresponden. Desde el inicio, ambos miembros de la pareja han de saber que, para crear un proyecto de vida común, dichos roles han de priorizarse.

Esto tal vez implicará pasar menos tiempo con su familia de origen o modificar algunas dinámicas. Estar de acuerdo con este punto es crucial para hacer un frente unido frente a posibles quejas o reclamos de las familias políticas.

No obstante, esto no implica olvidar el relevante papel que padres, hermanos y otros familiares continúan jugando en la vida de la persona. Así, es importante también respetar su lugar, sus opiniones y la relación que ya poseen con nuestro compañero sentimental, sin establecer una suerte de competición.

3. Dialoga con tu pareja

La convivencia con la familia política es una potencial fuente de conflictos. Por esto, es importante que ambos miembros hablen al respecto, negocien y lleguen a acuerdos. ¿Cuánta importancia tiene para cada uno convivir con su familia de origen? ¿Cuántas veces se reunirán y con qué flexibilidad? ¿Hasta qué punto están dispuestos a compartir con sus parientes políticos?

Cabe mencionar que, en este punto, no hay respuestas acercadas ni incorrectas, la clave está en lo que se sienta adecuado y cómodo para cada pareja. Sin embargo, es fundamental que ambos estén de acuerdo, así no surgirán posteriores reproches.

4. Ofrece cordialidad y respeto

Llevarte bien con tu familia política no implica que tus suegros o cuñados hayan de convertirse en tus grandes amigos y confidentes. Realmente, puede que haya afinidad como puede que no, por lo que no es necesario ejercer esa presión sobre uno mismo y sobre los otros.

Para una buena convivencia y relación únicamente hacen falta cordialidad y respeto. Y esto puede mostrarse con pequeños gestos. Por ejemplo, siendo amable en las interacciones, evitando temas polémicos, colaborando en la casa u ofreciendo ayuda en aquello que podamos aportar mientras compartimos tiempo.

5. Crea tu propio vínculo

Las relaciones entre suegras y nueras, entre yernos y suegros, entre cuñados, cuentan con muy mala prensa y es posible ir predispuestos a lo peor. De algún modo damos por sentado que habrá rivalidades y discrepancias. Pero tal y como sucedería con cualquier otra persona, es posible que compartas intereses, aficiones o puntos de vista con los miembros de tu familia política.

Entonces, puede ser positivo tratar de cultivar tu propio vínculo con ellos. En ocasiones es tan sencillo como ser atento, hacer una llamada en su cumpleaños o preguntar acerca de su día a día. La autodivulgación o compartir acerca de nosotros mismos, ayuda a forjar intimidad emocional y a estrechar lazos. Quizás en el camino descubras que realmente tienes más afinidad con ellos de lo que pensabas.

6. Sé asertivo

Dado que se trata de relaciones especialmente complicadas, es importante aplicar la asertividad. Este estilo comunicativo nos permitirá poner límites sanos cuando sintamos que se nos está ofendiendo, así como expresar opiniones y peticiones con firmeza y respeto. Es especialmente útil a la hora de resolver conflictos, pero puede ser necesario trabajarla con anterioridad.

Muchas veces, por evitar las discusiones, permitimos comentarios hirientes que no nos llevan sino a acumular rencor y enrarecer las situaciones. Otras tantas optamos por quejarnos con nuestra pareja, colocándola en la difícil posición de mediar entre su familia de origen y la actual.

Saber dirigirnos a aquella persona con la que algo va mal y expresarnos apropiadamente es una gran ventaja. Si logramos escuchar, empatizar y, a la vez, realizar peticiones de forma asertiva, daríamos un giro a la mala relación.

7. Si llevarte bien con tu familia política no es posible, cuida tu salud mental

Como ves, llevarte bien con tu familia política no solo está relacionado con cómo ellos se comportan contigo y tú con ellos. En realidad, detrás tiene que haber una buena comunicación de pareja y una serie de habilidades personales a manejar. Si faltan algunos de estos elementos, es posible trabajarlos de la mano de un profesional.

Incluso, aplicando todas las pautas anteriores, puede darse el caso de que las relaciones con la familia política sigan siendo conflictivas y desgastantes. Si ni siquiera es posible mantener la cordialidad y el respeto por ambas partes, quizá lo más saludable sea optar por un alejamiento prudencial.

Elena Sanz.

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