Las redes sociales están entrando en una nueva era menos tóxica

En los últimos años me he convertido en un fantasma de las redes sociales. Llevo sin publicar en Instagram desde diciembre, he pasado de tuitear varias veces al día a hacerlo un par de veces a la semana y hace siglos que no entro en Facebook ni en Snapchat. Cualquiera que viera mis perfiles pensaría que están abandonados. Y no soy el único: la gente pasa cada vez menos tiempo en las redes sociales.

Durante más de una década, las redes han reunido a la gente en un puñado de plataformas, entre las que destacan Facebook, Instagram y Twitter. Pero al esforzarse tanto por seguir creciendo, han pasado de ser lugares para que la gente se conecte a canales de entretenimiento. A medida que las grandes empresas se han ido convirtiendo en un caos de gritos y contenidos patrocinados, los usuarios se han ido marchando a una maraña de plataformas.

Como muchos jóvenes, me he refugiado en círculos privados muy cerrados, como los chats de grupo. En estos espacios más reducidos, compartidos con amigos y familiares, no siento la agobiante presión de compartir demasiadas cosas y publicar pensando en posibles oportunidades de trabajo. Estos refugios están libres de la avalancha incesante de contenidos, anuncios y campañas de marca meticulosamente elaborados. Si las plataformas grandes se parecen a un centro comercial, los chats de grupo son como una cena íntima en casa de un amigo.

Mucha gente también se está decantando por una nueva generación de redes que han surgido en los últimos años para aprovechar el vacío dejado por el deterioro de las grandes plataformas. Algunos de los nuevos usuarios intentan recrear las experiencias sociales que ofrecían las anteriores redes, mientras que otros experimentan con ideas radicales para reiniciar el concepto desde cero.

De momento, ninguno de los nuevos sitios puede competir con el tamaño de las redes centralizadas, pero ofrecen cierta esperanza. A medida que el público se cansa de las plataformas tóxicas y adictivas que socavan la conexión social real, esta nueva oleada de redes que sí se centran en lo social podría contribuir a crear un entorno online más saludable.

Se piense lo que se piense del futuro de las redes sociales, cada vez está más claro que la fiesta de las grandes plataformas ha terminado. Pero esto no tiene por qué ser la muerte de las redes sociales, sino el nacimiento de otras mejores. Bienvenidos a la gran fragmentación de las redes sociales.

Entra en el ‘pluriverso’

Grandes plataformas como Facebook han abandonado desde hace tiempo su objetivo de “acercar al mundo” en favor de “diseños motivados por los beneficios e incentivadores del engagement” que nos mantengan enganchados e impulsen el crecimiento, explica Ben Grosser, un artista y profesor asociado del Centro Berkman Klein para Internet y Sociedad de la Universidad de Harvard. Una avalancha de investigaciones ha descubierto que este cambio en las prioridades de las empresas ha perjudicado a los usuarios.

Según un reciente estudio, las redes sociales podrían provocar un aumento de los trastornos alimentarios y una mala percepción de la imagen corporal en hombres y mujeres. Los investigadores teorizan que, al agrupar a personas con opiniones dispares en un espacio en el que no se ponen cara, la tecnología que se suponía que debía unirnos nos ha polarizado más.

En términos generales, la naturaleza siempre activa de las redes sociales es antinatural. Se supone que no deberíamos hablar tanto, y publicar delante de miles de personas cada día hace que nuestra capacidad de comunicación se resienta.

Pero a pesar de todos los defectos de las redes, he dependido mucho de ellas. Mi trabajo como periodista independiente depende de una audiencia pública y de mi capacidad para estar al tanto de la evolución de la actualidad. La fatiga que siento se debe en parte a otra preocupación: ¿En qué red social debo confiar? No es que no quiera publicar, es que ya no sé dónde hacerlo.

No es que no quiera publicar, es que ya no sé dónde hacerlo

En el último año, he migrado con mi potencia junto a la mayor parte de mis contactos de una nueva plataforma a otra: Discord, Bluesky, Threads. Lo he probado todo. El patrón es el mismo: me suscribo a la nueva aplicación de moda, la pruebo durante unos días y luego la abandono rápidamente.

Aunque a lo largo de los años algunos cambios han tenido éxito (yo cambié de Orkut de Google, una plataforma popular en la India y Brasil a finales de la pasada década, a Facebook, Instagram y TikTok), nunca antes me había encontrado en tierra de nadie. Si ninguna de estas plataformas se perfila para ser el nuevo Facebook, ¿cuál es el futuro?

Chand Rajendra-Nicolucci, que investiga la infraestructura pública digital en la Universidad de Michigan, afirma que se está produciendo un reseteo y que el futuro de las redes sociales podría ser “más privado y más fragmentado”. En un paper publicado a principios de año, Rajendra-Nicolucci y sus compañeros imaginaban un “pluriverso” formado por las actuales plataformas más un ecosistema de “redes online muy pequeñas”, es decir, comunidades privadas y servicios especializados que albergan el tipo de conversaciones íntimas o sobre intereses específicos que la esfera pública digital actual no atiende bien.

En cierto modo, ese pluriverso ya está aquí. La gente puede estar activa en media docena de aplicaciones, cada una con un objetivo y un público únicos. En plataformas “públicas” como LinkedIn y X, antes Twitter, cuido mucho mi presencia y las uso exclusivamente como herramientas de difusión pública para promoción y divulgación. Pero para socializar, utilizo varios grupos privados, como los hilos de iMessage y la lista de amigos íntimos de Instagram, donde puedo ser más espontáneo y personal en lo que digo.

Aunque esta configuración funciona bien por ahora, es una solución improvisada.

Ciudades online

Por muy divertidos que sean los chats de grupo y las aplicaciones como BeReal, echo de menos la experiencia sin fronteras que ofrecen las grandes plataformas: un lugar donde descubrir contenidos virales, ampliar mi red de contactos y participar en conversaciones globales.

Rebecca Rinkevich, directora del Institute for Rebooting Social Media, no espera que las grandes redes sociales mueran pronto (o nunca), ya que su alcance ha desempeñado un papel fundamental en todo, desde el seguimiento de las crisis naturales hasta el activismo. Pero a medida que la atención de la gente se reparte entre docenas de plataformas, cree que “el Gobierno y el público tendrán que esforzarse más para entablar un diálogo en internet”, señala.

Mike McCue, CEO de Flipboard, opina que la próxima gran plataforma social debe reunir las ventajas de ambos mundos: “La calidad y la confianza en comunidades pequeñas y transparentes con la capacidad de que esas conversaciones de calidad lleguen a millones”, comenta.

Pero en lugar de una red social que consiga apaciguar a todo el mundo, el futuro de las redes sociales se parece más a una red de plataformas que ofrezcan a la gente una experiencia personalizada. El sistema ideal no solo te permitiría migrar a nuevas aplicaciones sin perder tu red o tu perfil, sino también vincularlas entre sí, de modo que pudieras publicar en una y un amigo pudiera comentarlo desde otra.

El futuro de las redes sociales se parece más a una red de plataformas que ofrezcan a la gente una experiencia personalizada

Por ejemplo, Threads, el intento de Meta de sustituir a Twitter. Funciona con el protocolo ActivityPub, lo que significa que los más de 100 millones de usuarios de Threads podrán interactuar con Mastodon, una plataforma social de código abierto que utiliza el mismo sistema de código, sin necesidad de registrarse. Del mismo modo, en Mastodon, la gente puede crear sus propias comunidades privadas, sin renunciar a la posibilidad de compartir sus contenidos con el resto de los más de 10 millones de usuarios de la plataforma.

Piensa en ello como si fuera una ciudad. Quizá tu casa (cuenta) esté en el barrio de Threads o Mastodon. Pasas mucho tiempo en la intimidad de tu casa hablando con tus amigos en chats de grupo y listas privadas, pero también paseas para ver qué ocurre en tu barrio, un grupo limitado de personas con las que te gusta pasar cierto tiempo. A veces, te aventuras a salir a la plaza de la ciudad para escuchar de qué hablan las personas de diferentes comunidades de todo el mundo. A veces incluso contribuyes a la conversación o cuelgas carteles para promocionar tu trabajo.

Este tipo de sistema abierto y descentralizado ayudaría a acabar con los jardines amurallados de las grandes plataformas, cuyo enfoque único ha tenido efectos enormemente perjudiciales. En lugar de vivir en la ciudad de Facebook bajo las leyes de Facebook, el enfoque descentralizado ofrece a todos más control sobre la experiencia de las redes sociales y permite a la gente elegir las comunidades y los feeds que más les interesan y en los que se sienten más cómodos.

Aunque ninguna de estas plataformas ha intentado aún ganar dinero, existen diversas vías de negocio: como Threads, las plataformas podrían recurrir a los anuncios en la aplicación o, como Mastodon, a subvenciones, donaciones y patrocinios. Dado que el modelo de negocio determina el funcionamiento de la red, la gente sería libre de establecerse en las que prefiera.

En los últimos meses he utilizado Mastodon y Bluesky, una red social descentralizada respaldada por Jack Dorsey, y me han parecido las mejores apuestas hasta el momento para sustituir a Twitter. Sus plataformas desordenadas ya igualan la calidad del discurso que había en Twitter, aunque no a la misma escala. Y ese es el único problema de estas plataformas: no son compatibles entre sí ni lo suficientemente grandes como para sustituir a los gigantes actuales. Aunque se han hecho esfuerzos para unirlas y permitir que los usuarios interactúen entre ellas, ninguno ha tenido éxito.

Si estas y otras plataformas descentralizadas encuentran la forma de fusionarse en un ecosistema más amplio, obligarán a las grandes plataformas a cambiar de rumbo para poder seguirles el ritmo. Y, con suerte, ese futuro dará lugar a un estilo de vida digital más equilibrado y regulado.

Un Internet más sano

Steve Teixeira, Jefe de Producto de Mozilla, afirma que, en sus mejores momentos, las redes sociales facilitan la conexión más allá de las fronteras geográficas o temporales, y ayudan a la gente a mantenerse informada, a encontrar ideas novedosas y a acceder a servicios vitales. Por el momento, sin embargo, cree que “no están haciendo ninguna de estas cosas especialmente bien”.

El problema es que las redes intentan hacer demasiadas cosas a la vez. Si se repartiesen las funciones permitirían que cada una de las funciones clave de Internet prosperara en su propio contexto: podrías estar en contacto con tus familiares y mantenerte al día de tus representantes políticos sin que tus recuerdos privados quedaran atrapados entre el drama político.

En lugar de vivir en la ciudad de Facebook bajo las leyes de Facebook, el enfoque descentralizado ofrece a todos más control sobre la experiencia de las redes sociales

El otro problema es que los usuarios tienen muy poco control sobre sus experiencias online. Los estudios han demostrado que la sobrecarga de noticias en las redes sociales puede causar estrés, ansiedad, fatiga y falta de sueño. Democratizando las redes, los usuarios pueden invertir esos efectos negativos para la salud controlando mejor con quién se relacionan, qué miran en sus feeds y cómo influyen los algoritmos en su experiencia social. Y al repartir nuestro tiempo entre diversas plataformas (cada una con un enfoque diferente de la moderación de contenidos), el ecosistema de comunicación online acaba reflejando mejor la diversidad de las personas que lo utilizan.

Los que desean mantener sus datos en secreto pueden vivir en círculos muy cerrados. Los que no quieren una avalancha de contenidos polarizantes las 24 horas del día pueden cambiar lo que les muestra su feed. Los activistas que quieren difundir un mensaje pueden llegar a millones de personas. Y la lista continúa.

“En lugar de que los responsables políticos y los usuarios tengan que suplicar y empujar a las plataformas para que cambien, la descentralización les permitiría tomar las riendas del asunto, permitiendo muchas respuestas diferentes a la pregunta: ‘¿Cómo debería funcionar la plataforma para coexistir?”, afirma Rajendra-Nicolucci,

Adaptar las redes sociales a las necesidades de las personas podría revolucionar nuestra forma de pasar el tiempo en internet. Por ejemplo, cambiar los algoritmos que incentivan la viralidad por otros que se adapten a públicos diversos puede reducir los prejuicios y la polarización. Y los expertos han descubierto que un conjunto de redes “se optimizaría exclusivamente para el bien público”, en lugar de caer en las trampas de las plataformas tradicionales: una obsesión malsana por las métricas y las interacciones sin sentido.

Es difícil predecir el futuro, sobre todo cuando se trata de servicios online en los que las nuevas aplicaciones pueden convertirse en virales (y luego fracasar) en un instante, pero la disolución de las plataformas y el surgimiento de nuevas experiencias sociales parece un giro urgente y largamente esperado de los acontecimientos. Ha impulsado a millones de personas, entre las que me incluyo, a cuestionar el statu quo (¿era necesario añadir una docena de hashtags para que mi foto de la puesta de sol se hiciera viral?) y a adoptar una relación más sana con las redes sociales.

Nadie sabe cómo será la próxima gran plataforma social pero, hasta que surja, espero seguir viviendo una vida social online fragmentada y nómada.

Cristina Gálvez

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